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¿Son las impresoras de tanque de tinta la solución a los problemas de impresión?

Muchos usuarios nos quejamos en multitud de ocasiones de lo cara que es la tinta y de la poca capacidad que llevan los cartuchos. Personalmente, creo que esto forma más parte de la infinita capacidad de quejarse de todo de los humanos que de la realidad.

Los cartuchos de tinta originales sí que adolecen de estas dos características: poca tinta y precio elevado, pero los cartuchos reciclados no. Por un lado, cuando los cartuchos se reciclan, las esponjas se adaptan para que la tinta del contenedor sea la máxima posible (cosa que no ocurre en el original que suele ir a la mitad o a 1/3 de su capacidad sin ninguna racionalidad); por otro lado, los cartuchos reciclados son susceptibles de tener varias vidas, y en Cartuchea promocionamos y gratificamos a los clientes que contribuyen a esto para que el uso continuado de cartuchos reutilizados salga más económico (sin perder ninguna calidad de impresión).

No obstante, muchos son los usuarios que utilizan estos argumentos de excusa para elegir una impresora con depósitos o tanques de tinta (Ecotank en Epson, Smart tank en HP o MegaTank en Canon) frente a las de chorro de tinta. A este tipo de impresoras se le atribuyen por alguna extraña razón una serie de superpoderes por los que se las considera de tinta infinita e inagotable y tremendamente barata. Error.

En primer lugar, una impresora con depósitos de tinta no es ni más ni menos que una impresora de cartuchos a la que se le han añadido lateralmente unos depósitos de tinta de los que estos se alimentan a medida que se van vaciando. Como bien sabéis, todos los cartuchos cuentan con unos inyectores por los que sale la tinta y que son susceptibles de obstruirse y secarse (en ocasiones tan gravemente que no tenemos más remedio que cambiarlos). En segundo lugar, además de estos «cartuchos» las impresoras con depósitos de tinta también cuentan con los depósitos de tinta, obviamente, y con una serie de conductos (generalmente de plástico) por los que la tinta fluye a los cabezales (o cartuchos). Todos estos elementos son susceptibles de averiarse. Cuantos más elementos contemos en el circuito de la tinta más probabilidad tendremos de que algo acabe no funcionando como debería. Empecemos.

Los problemas en los inyectores son de sobra conocidos. Las impresoras con 4 o más cartuchos cuentan con un cabezal integrado en la impresora (extraíble o no) donde se colocan los cartuchos. Este cabezal tiene una serie de inyectores que pueden obstruirse por varios factores: sequedad por inactividad, viscosidad de la tinta que se utiliza, burbujas de aire, etc. Es por ello que los fabricantes incorporan siempre una función de mantenimiento llamada limpieza de cabezales que normalmente nos ayuda con este propósito. Y digo normalmente porque en ocasiones, y especialmente después de las vacaciones de verano, esas limpiezas por software no sirven para nada. La impresión sigue con rayas o faltándole algunos colores. Cuando esto nos pasa con una impresora que nos ha costado 50€ el drama no es tan grande; si nos pasa con una impresora de depósitos valorada en 200€ o más la cosa se vuelve más grave. Y esto puede suceder con apenas 1000 páginas impresas… apenas un par de juegos de cartuchos de las impresoras clásicas de tinta. Un drama.

Los problemas en los depósitos y en los conductos que conducen la tinta son inéditos para los usuarios de impresoras tradicionales, pero también existen. En los depósitos, por efecto de la gravedad, algunos tipos de tinta pueden generar precipitaciones de partículas en la boca del depósito (por donde sale la tinta al conducto) que acaban limitando su luz u obstruyéndolo. Eso implica que la tinta no llegue al cabezal y al inyector como debería. Los conductos son también susceptibles de acumular esta suciedad en su interior o incluso burbujas de aire que impiden a la tinta circular normalmente. No existen soluciones poco dolorosas para eliminar estos problemas.

En definitiva, las impresoras con depósitos de tinta tienen sin duda su utilidad y público objetivo, pero detestan la inactividad y la mala calidad de las tintas utilizadas. Comprar una de estas impresoras pensando que el coste por copia va a ser prácticamente cero puede acabar siendo un mal ejercicio de cálculo. Un cliente que acabe imprimiendo 1000 copias con una impresora de depósito que no tenga reparación habrá pagado 0,25€/copia y deberá volver a invertir en la compra de una impresora nueva.

En Cartuchea aconsejamos utilizar impresoras de depósito si apenas tenemos períodos de inactividad de impresión, y sólo utilizar tintas de fabricantes de primera marca que garantizan una mayor vida útil de tu equipo, como las que nosotros utilizamos en nuestros consumibles reciclados.